iglesia evangelica tenerife

Entrevista a Elizabeth Reyes Hernández (Pt 2)

P: En mi última pregunta te pedí que compartieras con nosotros las tres cosas más importantes que aprendiste en el foro y te quedaste en la primera. Dijiste que, para ti, el mayor beneficio fue relacionarte con las personas, poder conocer a esas mujeres valientes que están luchando, sus historias, el compartir, el oírlas. Y que eso fue tan impactante en tu vida que te animó a seguir adelante en el ministerio y en tu vida cristiana. ¿Hay, al menos, una cosa más que quisieras destacar?

R: Respecto a otros aprendizajes, hay dos temas más que me impactaron: uno que me costó mucho y otro que me entusiasmo muchísimo. El que más me costó fue el día que trabajamos el tema “Manteniendo una vida equilibrada”, aprender a lidiar con la presión… Te daban estrategias, recursos o formas prácticas para poder reconocer obstáculos, analizarte a tí misma, poner objetivos en tu vida y priorizar,  todo esto, ¿no? Ese día yo llegué a un momento… -era el trabajo más personalizado, aunque lo compartíamos en parejas-, pero llegó un momento en el que tuve que decir: “¡ya está!”, porque me creó tal ansiedad ver todo  lo que no estaba haciendo que era necesario que empezara a trabajar, que dije: “no puedo, tengo que pararme”. Entonces son cosas que sabes, en teoría, pero el que te obliguen, de alguna forma, a sentarte, a trabajarlo, me hizo tomar conciencia de que estoy llegando a un límite y necesito pararme a reflexionar sobre mi propia vida y ministerio. Más que yo dirigir mi vida, el ministerio me está arrastrando a mi, y siento que no paras de trabajar sin objetivos, sin estrategias y te preguntas: “¿realmente vale la pena estar gastando en lo que estoy gastando mi vida?”. Y no estoy hablando de dudas acerca del ministerio. Voy agotada y tengo la sensación de que no hago nada. Entonces plantearme eso y darme cuenta, porque me obligaban a trabajar, que vas por ahí me dejo destartalada. 

P: Una especie de shock. 

R: Si. Entonces, después de eso, no he podido parar tampoco. Y no sé si puedo para este ritmo porque estoy metida en él y no sé como pararlo para poder pensar y tomar el control de qué quiero hacer, qué me está llamando el Señor realmente a hacer para ser efectiva en el ministerio en Reino de Dios como el Señor quiere, no como yo. Esa fue una sesión muy dura para mi y “me la traigo”, sabiendo que lo tengo que trabajar. Tengo recursos que aprendí en el foro, ideas de cómo poder trabajarlo y a la vez siendo consciente de que no sé si seré capaz de trabajarlo sola. Porque allí nos ayudaba el hecho de estar compartiendo y de que estábamos todas, y que algunas habían avanzado en unos aspectos y otras en otros y eso te ayuda. Ahí se ve reflejada la soledad, y no solo la soledad sino la presión a la que se ven sometidas las mujeres predicadoras. 

P: Gracias por abrirnos tu corazón. Entiendo lo que dices y sientes porque yo mismo me encuentro en una situación similar en cuanto a la necesidad de pararme a discernir a qué me está llamando el Señor realmente a hacer para ser efectivo en el ministerio en nuestra iglesia local.

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